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¿Existe el TDA-TDAH?

Autor: Micaela Gómez

“En los años ochenta ya se hablaba de `Trastorno de Déficit de Atención´, con o sin hiperactividad, que seguía incluyendo visos de anormalidad. Al final del siglo pasado se acuñó por Russell Barney el término de `Trastorno Impulsivo Hiperactivo´, más acorde con la naturaleza del problema. En la actualidad algunas asociaciones de padres los llaman `Esos ángeles con aspectos de diablillos´”, expresa Carlos Lozano Giménez, licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad Complutense de Madrid, en su libro “Vivir con un niño Hiperactivo” publicado en 2005.

“El ADDAH (Trastorno de Hiperactividad con Déficit de atención) se coloca en la clasificación de los trastornos mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría en el apartado de trastornos por déficit de atención y comportamiento perturbador DSM IV del año 1994”, explica el autor, y agrega: “En la clasificación de enfermedades de la Organización Mundial de la Salud figura en el apartado de trastorno hipercinético con cuatro variantes: 1) Trastorno de la actividad y de la atención: subdividido en trastorno de déficit de atención y síndrome de déficit de atención con hiperactividad, 2) Trastorno hipercinético disocial, 3) Otros trastornos hipercinéticos, 4) Trastorno hipercinético sin especificación”.

En una entrevista que brindó al diario ABC de España en 2015, Joseph Knobel Freud, nieto de Sigmund Freud (padre del psicoanálisis), expresó: “El TDAH – TDA son un invento, no es un trastorno neurológico, es un invento de la sociedad de la inmediatez en la que vivimos y que nos lleva a la hipermedicalización de niños que son más movidos. El TDA no existe, de hecho Leon Eisenberg, la persona que describió el trastorno de déficit de atención con hiperactividad por primera vez, dijo a Der Spiegel meses antes de morir que éste era `un excelente ejemplo de un trastorno inventado´ y que `la predisposición genética para el TDA está completamente sobrevalorada´. Lo que es preocupante de la sociedad actual es que se considera que las cosas cuanto más rápidas sean, mejor. Es decir, si el niño se porta mal en la escuela y se mueve mucho, enseguida le dan la `pastillita de portarse bien´. En lugar de actuar, inmediatamente se hipermedicaliza, tapando el síntoma. ¿Se ha intentado averiguar por qué ese niño se mueve, no está quieto, y no es capaz de prestar atención? ¿Alguien se ha parado a averiguar si hay problemas en casa? ¿Si está angustiado por algo? ¿Si resulta que se mueve mucho porque intenta captar la atención de papá y mamá, o del maestro, o de los educadores en general? No, le hemos dado la pastilla y ya está. Además estamos creando en los niños una costumbre peligrosísima. Me refiero a la costumbre de que, frente a un conflicto, en lugar de tratar de pensar de dónde viene, y qué solución tiene, en vez de encontrar algo en la dinámica personal y familiar de esa persona que nos ayude, se recurre a un elemento externo, una droga”.

¿Existe el TDA – TDAH?

“La enfermedad”, como muchos la denominan, no está del todo acertada en ser tal, en la mayoría de los casos se trata de niños que presentan todos los síntomas pero que no padecen la misma, sino que son niños en edad de crecimiento que van encontrando su rumbo en la vida y sus formas de manifestarse ante cada situación. En la mayoría de los casos se mal diagnostica al decir que es TDA o TDAH.

“Se trata de hacer entrevistas con los padres para hacer el diagnóstico del paciente, porque a veces se fijan en el internet, en el manual de estadística, donde enumeran los síntomas, entonces si el chico corresponde con dos o tres de esos, los papás o la escuela hacen el diagnóstico basándose en una parte descriptiva. En cambio uno como profesional tiene que ver cómo es el entorno del niño, qué emociones está viviendo, qué le está pasando, porque puede influir todo”, expresó la psicóloga Carla Valentiera.

Las escuelas juegan un papel importante en la educación del niño, siendo fundamental en su formación académica y civil. A la vez es uno de los primeros lugares donde el menor se relaciona con personas ajenas a su entorno, por lo que es algo desconocido para el niño. Las reacciones pueden ser positivas como negativas, no todos son dados con alguien extraño y los que sí, pueden terminar siendo los “revoltosos, inquietos, movedizos”.

La psicopedagoga Fernanda Frencia expresó: “Para mí no existe, en mis años de estudio y los que llevo ejerciendo no tuve ningún caso positivo de la enfermedad, nunca me tocó atender ningún niño con esta patología”. Además contó: “Soy docente también y tengo el caso de un alumno, que su padre no lo acepta como hijo, le dijo en su cara que no lo quería, es criado por su abuela o una niñera porque su madre tiene dos trabajos para poder vivir. Cualquier otro médico sin saber toda su historia claramente lo hubiera diagnosticado con TDAH, el nene sólo se manifiesta por todo lo que le pasa”.

Frencia contó que cada maestro – profesor, conoce la situación en la que viven sus alumnos y más si son los mismos por varios años y sostuvo que la hiperactividad de los chicos de hoy en día se debe a la evolución con la que van naciendo, hasta los grandes pueden tenerlo. Además agregó: “Si cualquiera busca en internet los síntomas que presenta la enfermedad, la mayoría debería tener TDA- TDAH y la realidad es otra, además si tenés dicha `enfermedad´ se te presenta desde chico y no a los 11 años, como se suele diagnosticar”.

Tanto Frencia como Maria Rodríguez, maestra titular de grado, sostuvieron no tener alumnos con esas patologías, siendo que hacen 4 y 7 años respectivamente que son docentes y con niños en los primeros grados donde debe manifestarse la patología.

Los niños inquietos existen en todos lados y todas situaciones de la vida, pero todo tiene un porqué, quizás es su entorno o solo una criatura que quiere resaltar y llevarse todas las miradas. “En mi época los niños también se movían, pero como no existía el metilfenidato, no había TDA... Si usted viera las preguntas del cuestionario —que está de moda en todo el mundo— y que utilizan los padres y maestros para detectar el supuesto trastorno se sorprendería. Hay que responder a unas preguntas que al final lo que hacen es definir la infancia en sí misma. ¿Se mueve? A menudo, con frecuencia, bastante... esto es muy subjetivo. Los padres y los maestros están preparados para muchas cosas, pero no para diagnosticar esto. Para eso estamos los psicoterapeutas”, sostuvo Freud en la entrevista de 2015.

Si uno busca por internet la mayoría de las páginas coinciden con las siguientes variantes: falta de atención predominante (no prestar atención, no registra los mínimos detalles, no está atento en las explicaciones, parece no escuchar, no sigue instrucciones, no termina las tareas, pierde los elementos escolares, se distrae fácilmente, etc); conducta hiperactiva/impulsiva predominante (está en constante movimiento, es inquieto, mueve los pies y las manos constantemente, va de un lado para otro, habla demasiado, no espera su turno, interrumpe conversaciones); combinado, siendo la mezcla de las anteriores.

Cualquier padre o madre que lea este detalle va a detectar que su hijo tiene al menos uno o dos rasgos iguales a estos y, como se menciona antes, son niños en edad de crecimiento que buscan resaltar con alguna `monada´ pero que no quiere decir que tengan alguna enfermedad psiquiátrica. 

Los niños son muy distintos entre sí, ninguno se parece a otro, cada cual como individuo es diferente por eso el mundo es llamado como tal, por eso los gustos son distintos, las opiniones diferentes. Pero ninguno debe ser tildado como el `raro´ porque cada cual tiene lo suyo.

La hiperactividad de la que se habla en la patología la presentan todos los niños, es algo habitual que la tengan, siempre son más activos que un mayor. Es típico en los menores que en los primeros años escolares tengan períodos de atención cortos y no sigan una actividad por mucho tiempo, lo mismo les ocurre en su casa, no prestan atención en ambos lados y no por eso hay que decir que tiene TDA – TDHA.

“Es una patología psiquiátrica infanto-juvenil que se medica cuando altera su vida cotidiana, mientras no la altere se puede tratar de manera psicoterapéutica o cuando el cuadro sea leve, puede afectar tu vida de manera leve. Debe ser un paciente con una movilidad psicomotriz importante, ser muy disperso, que no pueda tener un foco de atención que se puede mejorar su problema modificando las conductas del menor con ejercicios y con psicoterapia o medicación pero sería una de las ultimas alternativas”, sostuvo, Marcos Gómez psicoterapeuta.

Si en algo coincidieron Valeria Valentiera y Fernanda Frencia es que para diagnosticar a un menor con TDA – TDAH hay que estudiar en demasía su familia, su entorno, su situación actual y sus miedos. Ellas creen que es un mal diagnóstico y que no todos los chicos lo presentan.

De hecho, uno de cada diez chicos que son derivados por `tener´ TDA, lo termina teniendo. El mal diagnóstico nace desde internet o las escuelas, porque como bien dice Freud “en épocas pasadas también los chicos se movían, pero como no existía el metilfenidato, no había TDA”, criticando entre líneas la fabricación del medicamento que termina siendo un negocio farmacéutico a nivel mundial.

Son niños en plenitud, no son locos, son chicos que están en plena etapa de crecimiento que se manifiestan de una manera u otra. Con el pasar de los años son más despiertos y vivos, no por eso se trata de un menor con una enfermedad. La niñez se debe dejar disfrutar y no obstruirla.