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Los clubes infantiles disputan un partido difícil

(Por Gonzalo Pereyra) Villa Gobernador Gálvez tiene un alto índice de vulnerabilidad y pobreza. Es por eso que los clubes infantiles terminan siendo un lugar de refugio para los niños y adolescentes. Las comisiones directivas hacen actividades económicas para comprar desde trofeos y pelotas hasta una merienda para las tardes.

En el club Sol Naciente, lindante a las vías del ferrocarril y al barrio El Eucaliptal, asisten más de 100 chicos de entre 4 y 13 años. “Les brindamos un espacio para que hagan deporte, tratamos de que el chico se vaya del club aprendiendo el respeto a la familia, con educación, humildad, contribuimos a que salgan como buenas personas, más allá de jugadores”, expresó Carlos Sandoval, su presidente.

Esta institución tiene la particularidad de que, además de darle un espacio a los niños y adolescentes, fue una de las pocas que tuvo la posibilidad de brindarle un lugar al Programa Nueva Oportunidad para que puedan enseñar sus cursos de capacitación para jóvenes. Sobre ello, Sandoval indicó: “El club le brindaba un espacio para los que quieren aprender electricidad y soldadura. Son jóvenes que por ahí andaban por mal camino y con esto se los quiere ayudar. Era bueno porque en el día de mañana podían conseguir un trabajo en el corto tiempo. A Sol Naciente lo favorecía en la ayuda que brindaban en la parte de electricidad. Han puesto las luces porque tuvimos robos. En la parte de soldadura también porque ellos trabajaban en rejas, portones”.

Distante de allí, también lindante a las vías pero a las que conducen al puerto de Rosario, se encuentra el club Defensores de LT3, del barrio Villa Diego Oeste. Silvia Sullivan, su presidenta, también aportó su mirada acerca de la contención que brindan. “Me parece importante la función de los clubes en los barrios porque muchos chicos tienen padres separados o problemas en sus casas, entonces acá los contenemos”, aseguró.

“Juegan, lloran, se ríen y de esa manera crecen contenidos con la gente que participa de la institución. En relación a eso te puedo decir que el papel más importante lo tiene el director técnico de cada categoría”, explicó, mientras aguarda que comiencen las actividades deportivas que debieron frenarse por la pandemia de Covid-19.

A quienes están al frente de los clubes les toca ver llegar a chicos con hambre, que van a las jornadas sin haber tenido un almuerzo. Es por eso que una de las tradiciones es darles la merienda después de cada partido. A algunos les saca una sonrisa comer un alfajor con un vaso de gaseosa después de haber transpirado la camiseta. También se los asiste con ropa o botines a través de “roperitos” que crean las madres para poder brindarle abrigo a los más humildes. “Cualquier cosa que les puedas llegar a dar, hasta un par de botines usados, el chico lo siente como nuevo. Lo que le des te lo agradece”, sentenció Sullivan.

Las comisiones directivas de los clubes están integradas por madres y padres que llevan a sus chicos para que practiquen un deporte, se diviertan entre amigos y compartan momentos gratos. Romina Romero forma parte de la comisión del club San Francisquito, en la zona sudoeste de Villa Gobernador Gálvez, y la institución lleva el mismo nombre que el barrio.

Coincide en que es importante que los chicos concurran a los clubes porque los toman como un refugio donde les dan cariño y contención. Además, al fin y al cabo, es una distracción para su vida cotidiana y esperan ansiosos que llegue el fin de semana para jugar de local o recorrer algunas de las veinte canchas que existen en la ciudad villagalvense.

“Junto al grupo que conformamos el club nos toca vivir que muchos desean jugar, pero no cuentan con botines ni medias. El año pasado ingresó un técnico nuevo que consiguió un sponsor para que les donara”, sostuvo Romero. Agregó que es numerosa la cantidad de chicos que se encuentran en situación crítica debido a que sus familias poseen pocos ingresos y están en situación de pobreza. Algunos acceden a alimentos que les otorgan los diferentes niveles del Estado.

Sobre ese lugar de contención que son los clubes, que muchas veces también son epicentro de vulnerabilidad, con instalaciones precarias, que a fuerza de corazón y pulmón se levantan por el aporte desinteresado de padres y madres, Sullivan sostuvo que “aparte de lo deportivo aprenden el compañerismo, a compartir, es como una familia, a muchos de ellos les festejamos el cumpleaños en el club”.

Con respecto a las instalaciones es necesario resaltar que la gran mayoría sufre daños, robos o vandalismo. Tal es el caso de San Francisquito y Sol Naciente, que en los últimos meses fueron víctimas de la delincuencia que les sustrajo tejidos y luces. Parece que los malvivientes solo ven como rehenes de sus botines a las instituciones que seguramente son las que le dan grandes momentos de felicidad a la niñez de sus hijos, sobrinos o familiares.

Como contrapartida, es necesario destacar que la Municipalidad implementó un Fondo de Asistencia al Deporte que es fruto de lo recaudado de un tributo que paga cada camión que ingresa al puerto cerealero Cargill. Se entrega trimestralmente a aquellas instituciones deportivas que posean la personería jurídica o la estén tramitando y sólo se puede usar para reformar o realizar nuevas instalaciones.

Los clubes se sostienen vendiendo rifas, cobrando una cuota societaria -que es difícil de cobrar porque acuden muchas familias humildes que no la pueden abonar-, realizando bingos, alquilando la cancha para torneos, etc. En base a esos recursos abonan la mensualidad a la Liga de Fútbol Infantil, mantienen sus instalaciones y compran elementos para la práctica deportiva.

Se retiran ¿Y después?

Un problema muy marcado es que los chicos no tienen otro espacio después que se retiran del club. En las puertas de la adolescencia, en algunos casos después de diez años, deben buscar otros clubes y los que tienen pocos recursos no pueden seguir practicando, entonces terminan encontrando amistades o pasatiempos en la calle. Con el peligro que eso provoca.

Sandoval menciona que “cuando terminan a los trece años están entrando prácticamente en la adolescencia y no hay lugares para que continúen jugando”. En la Liga de Fútbol Infantil que nuclea a las instituciones deportivas de Villa Gobernador Gálvez culminan su paso por los clubes 300 chicos cada año y tan sólo 20 o 30 son los que siguen en el deporte. “Los demás siguen en la calle, es una edad muy complicada”, añadió el directivo.

En ese sentido Sullivan expresó: “Sería bueno que haya otro espacio, cuando llegan a la etapa de la adolescencia no tienen adónde ir. Muchos quedan en la calle, pocos son los que tienen la posibilidad de que los padres los lleven a cancha de once. Todo genera un gasto y todo chico tiene que estar acompañado por su padre o madre, no es bueno largarlo solo. Una gran mayoría no tienen la posibilidad de continuar después del baby porque ahí te tenés que mover más lejos y es difícil porque son familias con recursos escasos”.

No fue muy diferente la opinión de la dirigente del club San Francisquito, que sostuvo que “hay jugadores que ya no reciben el acompañamiento de los adultos y son niños para que los dejen solos”. También coincidió que debe haber alguien que los ayude para que una vez que se retiren no estén en la calle y agarren el camino de adicciones o la delincuencia. “Hay que buscar la manera de ayudar a esas familias a las que les han pasado estas situaciones y no saben cómo contenerlos”, concluyó.